La pasada semana hemos tenido el placer de encerrarnos  con Carmen Ahedo en el curso impartido en nuestra escuela –Escuela Restaura– sobre LIMPIEZA ACUOSA DE REVESTIMIENTOS PICTÓRICOS. En un tiempo récord, gracias a Regina que nos puso en contacto, mi socia Elena (“la conseguidora”) y Carmen con todo calculado,  se organizó el curso y colgamos el cartel de “PLAZAS AGOTADAS”. A este curso han acudido profesionales del ámbito privado y público, y no sólo españoles sino también extranjeros.

Carmen es una excelente profesional del IPCE, restauradora científica,  que ha salido de su institución para contarnos el presente y el futuro de los sistemas de limpieza de obras de arte.

Nos ha explicado de una manera didáctica y entusiasta la puesta en práctica (desde su  propia visión y experiencia) de todos los estudios que vienen abanderando hace años científicos como Richard Wolbers y Paolo Cremonesi, y nos lo ha hecho entender tan bien, que estamos en disposición de usar todos esos nuevos recursos para afrontar una limpieza mucho más científica y respetuosa tanto para la obra de arte como para el restaurador.

 

Hemos aprendido a saber seleccionar y manejar un amplio abanico de opciones basadas en sistemas acuosos tamponados o en  materiales a base de silicona para el tratamiento de superficies sensibles al agua y/o disolventes orgánicos; agentes espesantes-gelificantes, emulsionantes y agentes quelantes.  Así, se ha comenzado tomando como referencia el pH y la conductividad de cada obra mediante mediciones indirectas realizadas con discos de agarosa para después ajustar estos valores a los sistemas de limpieza en pinturas, esculturas, dorados.   Se reafirma la idoneidad de dividir nuestra actuación en dos fases de limpieza perfectamente diferenciadas: eliminación de suciedad superficial y acción ( o no acción)  sobre recubrimientos, repintes y restos o depósitos de otras intervenciones. Con sistemas que combinan estos parámetros es posible eliminar suciedad superficial sin afectar las capas subyacentes, evitar blanqueamientos de barnices y controlar la metodología para no dejar residuos perjudiciales a corto, medio o largo plazo. Con estos sistemas es posible también, eliminar  resinas terpénicas (la mayoría de los barnices tradicionales que encontramos oxidados en las obras) total o parcialmente, sin necesidad de intoxicarnos con múltiples mezclas de disolventes orgánicos, puesto que la proporción utilizada de los mismos es muy baja y se encuentran es un sistema confinado lo cual evita la evaporación, reduciendo la toxicidad durante el tratamiento.

 

Estamos más que contentos de ver que nuestra profesión va evolucionando cada vez más hacia un trabajo más científico y riguroso, más respetuoso y controlado.  Este curso ha supuesto un punto de inflexión para nosotros, desterrando el uso incontrolado de disolventes.

La gran responsabilidad depositada en nuestras manos, la constante revisión, actualización y avance de los procedimientos usados nos obligan a ampliar un poco el enfoque, a dar una oportunidad a nuestro patrimonio, la llamada “moratoria” por Cremonesi. Cada vez estoy más convencida de esto: La tarea de nuestra generación de conservadores no es restaurar todo lo posible, sino conservar y estabilizar lo que tenemos para pasarlo a las generaciones futuras que sin duda desarrollarán sistemas cada vez más sofisticados y controlados.

 

Gracias Carmen por compartir tus conocimientos, por contarlo tan bien y por habernos enseñado  toda la  puesta en práctica. Ojalá repitas en nuestra escuela. En ECRA, ya estamos manos a la obra y tus procedimientos están siendo un éxito.

Cristina de Castro Picasso.

ESCUELA RESTAURA-Cursos Prácticos y especializados en Restauración de obras de arte.