Definiendo el problema

La plata tiende a ennegrecerse por exposición a ambientes contaminados como los que se dan en el medio urbano. Éste es un proceso de corrosión metálica que se conoce como sulfuración y comienza con un leve empañado y pérdida de brillo superficial que puede llegar a convertirse en una opaca y densa capa negra que modifica completamente el aspecto de los objetos.

Manipulación

Manipularemos siempre los objetos de plata con guantes limpios de algodón o de nitrilo (azules), para evitar que las  grasas y sales de nuestra piel dejen marcas que con rapidez se convertirán en manchas de corrosión.

Nunca emplearemos guantes de látex, porque los componentes sulfurosos que las gomas contienen pueden originar reacciones de corrosión localizada.

¡Cuidado! La plata, como otros metales cuando tienen un mayor grado de pureza (se presentan menos aleados), es muy dúctil y puede sufrir con facilidad por una manipulación descuidada: deformaciones, abolladuras, marcas y rayado.

Limpieza

 Los objetos con acabado en la llamada “plata oxidada” (que no es tal oxidación sino una sulfuración propiamente dicha), se popularizaron en la Francia del s. XIX y la moda se extendió también por Inglaterra. Estas piezas, naturalmente, no deberían nunca ser limpiadas.

Las piezas realizadas en otros metales (aleaciones de cobre generalmente)  con acabados plateados corren el riesgo de perder la extremadamente delgada capa de plata de su superficie si las limpiezas se repiten con frecuencia. Así, observaremos en objetos de uso (menaje, cubertería) cómo en las zonas resaltadas frecuentemente la plata ha desaparecido por abrasión, quedando al descubierto el metal base. En estos casos puede ser conveniente no limpiar y observar los aspectos de conservación.

En  ocasiones se puede realizar una limpieza previa mediante lavado con agua destilada con unas gotas de detergente neutro (Orvus, W.A. Paste, Teepol) para retirar suciedad superficial, polvo y engrasado por manipulación. En zonas con relieves y talla, este lavado, reforzado con cepillo suave de cerda o palillos, puede retirar las acumulaciones que se suelen producir de antiguos productos inadecuados de limpieza que se concentran como depósitos blanquecinos o verdosos en los rehundidos. Se habrá de extremar el cuidado, o incluso evitar el lavado, en piezas que tengan elementos a los que el agua pueda perjudicar (apliques  de madera, hueso, marfil o vástagos de hierro).

Tras el lavado se dejará la pieza secando al aire.

Un desengrasado superficial puede llevarse a cabo también con alcohol etílico o acetona pura aplicados con algodón.

La eliminación de la sulfuración se realizará por el efecto abrasivo suave de pulimentos. Una cierta cantidad de este depósito ya habrá sido removido en los pasos del baño y del desengrasado.

Estos pulimentos pueden aplicarse en paño, los llamados paños de platero o de joyero (Hagerty) o bien en pasta o líquidos (Prelim, Hagerty).  Los paños son útiles para áreas lisas, sin relieves marcados y con desarrollo de películas de sulfuración más ligeras. Las pastas y líquidos se aplican con pequeñas torundas de algodón, controlando en cada aplicación el avance de la limpieza. 

No se emplearán pulimentos de uso general, pues pueden ser más abrasivos que los específicamente formulados para orfebrería y joyería.

No se aplicará simultáneamente sobre áreas extensas, sino  sobre pequeñas superficies avanzando  progresivamente.

No se utilizarán los pulimentos envejecidos ni resecos, pues podrían producir ralladuras y abrasión.

Se retirarán concienzudamente los restos del pulimento de la superficie del objeto con alcohol etílico y enjugando con papel absorbente. Se pondrá especial cuidado en las áreas con relieve marcado o calados, pues el pulimento puede introducirse y ser especialmente dificultosa su eliminación. Por la misma razón, se evitará limpiar con pulimento en pasta o líquido objetos realizados en filigrana.

Los baños químicos de limpieza (Silver dip)  no se recomiendan, ya que producen limpiezas excesivas proporcionando a las piezas un aspecto ‘nuevo’ que estéticamente no es apropiado para los objetos de colección y antigüedades. Los productos químicos que componen esos baños son ácidos y quelantes que, aplicados sin cuidado, pueden además producir picaduras en la superficie del metal.

Una vez limpios los objetos, se habrán de proteger para que no desarrollen rápidamente nuevas capas de sulfuración que precisarían nuevas limpiezas abrasivas. La protección consistirá en una capa de resina acrílica (ParaloidB72) disuelta en baja proporción, por debajo del 7%, en disolvente nitro, aplicada con una brocha plana suave del tamaño adecuado a la pieza, dejando secar un día. Para preparar la capa de protección y para aplicarla se contará con protección buco nasal mediante mascarilla y filtro para disolventes orgánicos.